Un pinar en el semidesierto

Tollo Chiclana, Gorafe, Granada, España
Pinar de Pinus halepensis en Tollo Chiclana (Gorafe, Granada)

Los semidesiertos de los Coloraos de Gorafe están dominados por espartales y estepas salinas. Es un medio ambiente muy hostil para los árboles: aquí nunca hubo bosques.

La fotografía que ilustra este texto nos muestra la cabecera del Barranco del Caballo. Los terrenos más elevados de este semidesierto están formados por estratos de arcillas y limos muy ricos en yesos, que se depositaron cuando el área formaba parte de un gran lago salado que inundaba casi toda la actual Hoya de Baza.

Un semidesierto salado.

Este yeso supone un grave problema. Las plantas absorben el agua del suelo gracias a un fenómeno llamado ósmosis: las células de sus raíces deben tener concentraciones de sales más altas que el suelo para que el agua penetre en ellas cumpliendo con su tendencia de igualar la salinidad en ambas partes del sistema. Si el suelo es muy salino, las células deben acumular aún más sales, y esto es algo que la mayoría de las plantas no pueden soportar. La toxicidad que generan las sales sólo la pueden aguantar plantas especializadas, llamadas halófilas o “amantes de la sal”. En los semidesiertos de Los Coloraos, las más abundantes son la planta jabonera (Gypsophila strutium) y el asnallo (Ononis tridentata). Tambien pueden aparecer otras especies que actúan como “todoterrenos” capaces vivir en suelos de características muy variadas, como el esparto (Macrochloa tenacissima). Este es el verdadero semidesierto: espartales, matorrales bajos y mucho suelo desnudo.

Un milagro en forma de bosque.

Sin embargo, el Barranco del Caballo ha hecho un milagro ecológico al excavar en estas tierras salinas un profundo cañón (el Tollo de Chiclana) que ha dejado al descubierto estratos más antiguos en los que ya no hay yesos. Esta oportunidad ha sido aprovechada por uno de los árboles más resistentes de nuestra flora, el pino carrasco (Pinus halepensis), para formar el único bosque natural que puede verse en la zona.

Este pinar, formado por árboles dispersos y de poco porte, no se ajusta a lo que solemos entender por bosque. Es más bien lo que los botánicos llaman un bosque pre-estépico, un paisaje de transición entre bosque y semidesierto en el que las condiciones son extremadamente inhóspitas: los árboles están al límite de su aguante y producen pocas semillas, estas caen en general en terrenos poco adecuados para la germinación y sólo muy pocas llegan a hacerlo, y una vez que lo consiguen, aún menos llegan a vivir tanto como para convertirse en un árbol. Finalmente, las arcillas, muy compactas, son difíciles de penetrar por las raices y llega un momento en que estas son incapaces de soportar el propio peso del árbol, que “se descalza” y muere.

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